Nuestra opinión editorial sobre qué hace bien y qué hace mal esta máquina.
Esta máquina es la razón por la que merece la pena mirar más allá de las marcas de siempre. El 58 mm es la medida de cafetería, los cestillos vienen sin presurizar —o sea, la crema la hace el café, no una válvula— y trae control PID de temperatura, manómetro y preinfusión regulable de 0 a 10 segundos. Esa lista de la compra, en De'Longhi o Sage, cuesta el doble o el triple.
El termobloque la deja lista en unos 45 segundos y el vapor, según los usuarios, va sobrado para texturizar leche. El cuerpo es de acero y pesa poco más de 4 kg, que es su mayor diferencia con una Gaggia: aquí no hay caldera de latón, y eso se nota en la estabilidad a lo largo de varios cafés seguidos.
Lo que compras y lo que no: compras las prestaciones técnicas que permiten aprender de verdad; no compras red de servicio técnico, ni recambios en cada esquina, ni una marca con veinte años de historial. Si algo se rompe pasada la garantía, estás bastante más solo que con una europea.
Un aviso sobre este anuncio en concreto: tiene muy pocas valoraciones todavía, así que su nota media no significa gran cosa. El modelo sí tiene recorrido en foros y reseñas internacionales, donde sale bien parado.